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Presencia Romana

Vias romanas

Este periodo se encuentra comprendido entre 218 a.C. (fecha del desembarco romano en Ampurias) y los principios del siglo V (cuando entran los visigodos en la Península, sustituyendo a la autoridad de Roma).

Lo que se inició a finales del siglo III a. C. como una invasión estratégica para cortar las líneas de abastecimiento cartaginesas que sostenían la invasión de la Península Itálica por Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica, pronto pasó a ser una invasión de conquista que en unos doce años había expulsado por completo a las fuerzas cartaginesas de la Península. Sin embargo, Roma aún tardaría casi dos siglos en dominar la totalidad de la Península Ibérica, debido principalmente a la fuerte resistencia que los pueblos del interior (celtíberos, lusitanos, astures, cántabros, etc.) ofrecieron a los invasores. Dos siglos de guerras intermitentes aunque extremadamente violentas y crueles, tras los cuales las culturas prerromanas de Hispania fueron casi por completo exterminadas. La dominación romana perduraría hasta la entrada en Hispania de las primeras tribus bárbaras, ya en el siglo V, formando durante los siete siglos de influencia romana una población homogénea en Hispania conocida como «hispano-romana».

Uno de los aspectos más trascendentes de la romanización en la península ibérica fue el de su latinización. Es decir, el proceso que trajo consigo la pérdida de los idiomas indígenas, a excepción del euskera, y la concomitante y paralela sustitución de éstos por el latín, del que más tarde derivarían las lenguas romances.

La Tarraconense (del latín Hispania Citerior Tarraconensis) fue una provincia romana y después visigoda de Hispania. Su capital fue la Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco,1 2 la actual Tarragona, de la cual tomaba su nombre.

 

mapaDurante el control de Roma por Augusto (27 a. C. - 14 d. C.), que convirtió sus dominios en imperio, se formalizó el nombre de Barcino (entre el 15 y 10 a. C.), forma reducida de la oficial Colonia Faventia Iulia Augusta Pia Barcino, o la más comúnmente extendida Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino (Inscr. ap. Gruter, p. 426, nos. 5, 6).4 Es con el nombre de Barcino que aparece en el célebre mapamundi de Claudio Ptolomeo. La mención de Colonia hace referencia a una ciudad fundada para distribuir tierras entre los soldados romanos retirados del ejército, en este caso tras las Guerras Cántabras. Era también conocida en forma reducida como Colonia Faventia (Plinio el Viejo, iii. 3. s. 4). El geógrafo romano Pomponius Mela (ii. 6) hace referencia a la población –entre otros pequeños poblados de la zona– bajo la sombra de Tarraco. El papel estratégico de Barcino, punto de llegada de los grandes ejes norteño (ramal de la Vía Augusta) y mediterráneo, otorgó a la ciudad desde muy pronto un activo desarrollo comercial y económico (Rufo Festo Avieno, Or. Mar. 520: Et Barcilonum amoena sedes ditium). Desde muy pronto también disfrutó de exención de impuestos.

Como ciudad de origen castrense, la fortificación de la plaza se protegía mediante una muralla. La primera muralla de Barcino, de fábrica sencilla, se comenzó a construir con la denominación de Colonia en el siglo I a. C.. Tenía pocas torres, sólo en los ángulos y en las puertas del perímetro amurallado. Las primeras incursiones de francos y alamanes a partir de los años 250 suscitaron la necesidad de reforzar las murallas. Bajo el mandato en el imperio, ya decadente, de Claudio II, Barcino inicia la construcción de mejores fortificaciones entre los años 270 y 300. La nueva muralla se construyó sobre las bases de la primera, y estaba formada por un muro doble de dos metros (hasta 8 metros en algunos tramos), con espacio en medio relleno de piedra y mortero (modernas muestras arqueológicas demuestran que también se utilizó de relleno esculturas, inscripciones y otros elementos arquitectónicos). El muro constaba de 81 torres de unos 18 metros de altura, la mayoría de base rectangular (diez con base semicircular, situadas en las portaladas). Las obras de mejora fueron de las más importantes hechas durante el Bajo Imperio en la Tarraconense, y constituyen una de las causas por las que Barcino tomó relevancia al empezar a compararse con Tarraco.

Las primeras comunidades cristianas comenzaron a establecerse pronto en la región: en 259 se creó la diócesis de Tarraco. En Barcino, hay constancia de una primitiva comunidad y obispo propio entre 260 (primeras incursiones francoalamanas alrededor del 270) y principios del siglo IV.

A principios del siglo IV surgen las veneraciones a cristianos martirizados durante la persecución de Diocleciano. Es el caso de san Cucufate (Sant Cugat en catalán), personaje de origen africano que había estado evangelizando en varias áreas de la actual Cataluña (Barcino, Egara, Illuro, Emporion), y que fue asesinado alrededor del Castrum Octavium (actual San Cugat del Vallés). Otras veneraciones, como las de santa Eulalia o san Severo, son de referencias más confusas; la santa Eulalia de Barcino parece ser un desdoblamiento de la santa Eulalia de Augusta Emerita. No es hasta el Edicto de Milán, en 313, que se dejó de perseguir y sancionar creencias ajenas al Imperio, especialmente el cristianismo.

Cabe suponer que alguna comunidad judía estaba establecida en la ciudad durante el siglo IV. Caracalla permitió a partir de 212 la libertad para construir edificios de culto de judíos en el Imperio al considerarles ciudadanos. Algunos hallazgos en la Sinagoga Mayor de Barcelona hacen creer en un templo primitivo judío en el mismo emplazamiento, y posiblemente afirmar que se trataría de la primera sinagoga de la península Ibérica, segregada de actividades propiamente cristianas.

El primer obispo conocido de Barcino fue Pretextato, que en el año 347 asistió al sínodo antiarriano de Sárdica (o Serdica, actual Sofía, Bulgaria), con Osio (Hosius) de Corduba. Le siguió el obispo Lampi (393-400). En esta época se inició la construcción de un templo paleocristiano, la basílica de la Santa Cruz, origen de la actual catedral.

 

Parece ser que el siglo IV fue una época tranquila y pacífica. Por las necrópolis se ha establecido que la ciudad amurallada estaba bastante poblada. Se deduce un buen nivel económico por los escritos del obispo Paciano. Posteriormente conocido como san Paciano, dirigió la diócesis entre el 360 y 390, y es conocido por sus escritos contra los errores de los noviciados y sobre el bautismo y la penitencia. El obispo también advirtió de los peligros morales de una vida demasiado lujosa y cómoda, y de practicar ritos paganos en fin de año. A finales de siglo, los municipios bajo el poder de Roma comenzaron a perder poder, en demanda por el Imperio de más recursos económicos, lo que finalmente derivó en la ruralización de parte de la población y un moderado autogobierno de la ciudad.

Finalmente, tras la muerte de Teodosio I (379-395), se produce la separación definitiva del Imperio romano en dos, el Imperio romano de Oriente y el Imperio romano de Occidente. Teodosio I convirtió el cristianismo en la religión oficial del estado.

 

 

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Les necessitats de control militar i expansió comercial de l'imperi Romà van propiciar la construcció d'una extensa xarxa viària projectada amb grans coneixements d'enginyeria. Al voltant de l'any 8 abans de Crist, van començar les obres d'un traçat que tindria una importància estratègica cabdal: la Via Augusta. Isabel Rodà, directora de l'Institut Català d'Arqueologia Clàssica, explica per què i com es va construir la via que connectava els territoris de la península Ibèrica amb la metròpoli romana.

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