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Visigodos

Siglo V hasta VIII (711)

VisigodosEl inicio del siglo V representó el principio de la ya difícil existencia del Imperio de Occidente. Los visigodos, una rama de los pueblos godos, irrumpieron en el Imperio por los Balcanes y se afincaron hacia el oeste. Otros pueblos bárbaros, como los vándalos, los suevos y los alanos, entraron en la península Ibérica por el Pirineo Oriental en 409, tomando varias provincias del oeste y sur de la Hispania.

El sucesor de Alarico, su hermanastro Ataúlfoarriano–, se casó con Gala Placidia en 414 tras haberla secuestrado en Roma, y dirigió a los visigodos entre 410 y 415. Tras el saqueo de Roma, los visigodos se asentaron al sur de la Galia, pero con la constante presión de los ejércitos romanos (410-414, derrota en Narbona) tuvieron que cruzar los Pirineos, entrando en la Tarraconense y estableciendo en Barcino una modesta corte.La capitalidad apenas duró unos meses, pues Ataúlfo murió asesinado en su palacio de la ciudad por el esclavo Dubius de Sigerico (o Barnolfo), enemigos de Ataúlfo.5 Le siguió Sigerico (por 7 días) y después Walia. Hacia 416 se les permitió entrar en Hispania para controlar a los otros pueblos bárbaros establecidos, en calidad de fœderati de Roma. Walia reconquistó gran parte de la Hispania, por lo que el emperador Flavio Honorio permitió a los visigodos –bastante romanizados ya (o “civilizados”)–, acceder a la Aquitania y la Gallia Narbonensis a partir de 417 para establecer su territorio. Walia estableció corte estable en 417 en Toulouse.

A la muerte de Alarico II luchando contra los francos en 507, su hijo ilegítimo y sucesor Gesaleico replegó su reino y lo concentró en Hispania. Su reino duró hasta 511 e hizo capital del territorio a Barcelona. Le sucedió Amalarico y la regencia de Teodorico el Grande, que establecieron corte en Narbona. Su sucesor, Teudis, volvió a establecer la corte en Barcelona, hasta el año de su muerte en 548. Finalmente, tras sedes poco estables, Leovigildo fijó capital estable en Toledo en 573. Una rebelión iniciada por el duque Paulo por hacerse con el poder a título de rey en Narbona en 673 incluyó aproximadamente los territorios de Septimania y Cataluña y, por tanto, Barcelona, aunque fue apaciguada por el rey visigodo Wamba. Su reinado duró hasta 680 y le siguió Ervigio, que reformó el Liber Iudiciorum y promulgó reformas contra los judíos. El estado visigodo se derrumbó con el desembarco musulmán de Gibraltar en 711.

En la ciudad, los visigodos no constituyeron una población importante, y sólo ocuparon puestos de poder como la guarnición militar y las autoridades. Estas autoridades fueron el conde (comes civitatis) y su vicarius, que ejerció el poder civil y militar tanto en la ciudad como en el territorium (considerado un área mayor que el territorium romano), así como el obispo, responsable del ámbito religioso. Se considera un periodo de prosperidad económica (especialmente a finales del siglo VI), debido a la influencia que mantuvo y a las monedas acuñadas en la ciudad. Fue ceca de Leovigildo, de monedas de oro de imitación bizantina, y de otros sucesores hasta Witiza, que derivaron en monedas propiamente visigodas.

Los primeros visigodos que ocuparon la ciudad eran arrianos, mientras que la ciudad, por tradición hispanorromana, era católica. A los indígenas se les toleró la religión, aunque les obligaron a trasladarse de su templo mayor, la Basílica, para oficiar en la iglesia de San Justo. Los visigodos transformaron la basílica en catedral arriana. Incluso durante el obispado de Nebridio se celebró un concilio católico de la provincia eclesiástica de la Tarraconense (540). Leovigildo persiguió a los católicos para convertirlos a su fe arriana, aunque posteriormente su hijo Recaredo hizo de la religión católica la oficial del territorio visigodo (589). Un Segundo Concilio católico se celebró en Barchinona en 599, en la Iglesia de la Santa Cruz, bajo el obispado de Ugern.

Durante el periodo se hablaba un latín vulgar, posiblemente con pequeñas variantes autóctonas, y hebreo por parte de los judíos. Varias leyes y ordenanzas atentaron contra la población judía durante la época visigoda; en algunos momentos, según el rey, se prohibieron matrimonios con cristianos, se obligó a que fueran bautizados, fueron objeto de escarnio público o desprovistos de sus propiedades. Incluso durante el reinado de Wamba (672-680) la población judía debió ser considerable como para demandar al rey un edicto de expulsión de los sefardíes.

Los musulmanes entraron en la península en 711

 

 

 

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