✒️ Paleografía hispánica y catalana

De los signarios prerromanos a la letra carolina: cómo ha evolucionado la escritura en la península ibérica, por qué Cataluña tomó un camino propio, y qué se investiga hoy con imagen multiespectral e inteligencia artificial.

Dos disciplinas, una misma historia de la escritura

"Paleografía" en sentido estricto estudia la escritura manuscrita latina medieval (visigótica, carolina, gótica); el estudio de los signos prerromanos (ibérico, tartesio, celtibérico) pertenece a la epigrafía paleohispánica. Este informe recorre ambas, porque juntas cuentan la historia completa de cómo se ha escrito en la península ibérica — y porque Cataluña tiene, dentro de esa historia, una trayectoria paleográfica propia y bien documentada.

Las escrituras prerromanas: un mosaico sin piedra Rosetta

Antes de la romanización, la península usó varios sistemas de escritura distintos, casi todos de origen fenicio o griego adaptado, para lenguas que en su mayoría siguen sin descifrarse por completo.

EscrituraCronologíaZonaEstado de la lengua
Tartesia / suroccidental~s. VIII–V a.C.Suroeste peninsular (Algarve, Huelva, Sevilla)Se puede leer (signos identificados) pero la lengua sigue sin identificarse; es la escritura conocida más antigua de Europa occidental.
Ibérica nororiental (levantina)~s. IV a.C. – I d.C.Costa mediterránea, del Rosellón a AlicanteSignos bien leídos desde 1922 (Gómez-Moreno); la lengua ibera no es indoeuropea y sigue sin traducirse con certeza.
Ibérica meridional / suroriental~s. V–I a.C.Sureste y sur peninsularVariante distinta del mismo principio semisilábico, peor conocida y con signos más difíciles de identificar.
Greco-ibérica~s. IV a.C.Zona de Alicante (La Serreta, La Bastida)Alfabeto griego adaptado para escribir ibero; uso minoritario y localizado.
Celtibérica~s. II–I a.C.Meseta (Soria, Guadalajara, Zaragoza)Derivada del signario ibérico nororiental; el celtibérico sí es indoeuropeo (celta), y se entiende razonablemente bien por comparación con otras lenguas célticas.
Lusitana (alfabeto latino)~s. I d.C.Oeste peninsular (Extremadura, centro de Portugal)Escrita ya en alfabeto latino pero en una lengua indoeuropea distinta del celtibérico; muy poco atestiguada.

Un ejemplo de signario: el ibérico nororiental (variante dual)

Lo más peculiar del signario ibérico es que es un sistema mixto, algo raro tipográficamente: combina signos silábicos (uno por cada combinación de consonante oclusiva + vocal, sin poder descomponerse) con signos alfabéticos (uno por cada vocal y por cada consonante continua). No es ni un alfabeto puro ni un silabario puro, sino algo intermedio — un semisilabario.

Esquema estructural simplificado del semisilabario ibérico nororiental (variante dual, ss. IV-III a.C.) — no es una reproducción caligráfica de los signos originales, sino un mapa de cómo se organiza el sistema. Para ver los signos reales, consulta los enlaces de Hesperia y Wikimedia Commons al final de esta sección.
a
e
i
o
u
Serie labial
ba
be
bi
bo
bu
Serie dental
ta
te
ti
to
tu
Serie dental sonora
da
de
di
do
du
Serie velar
ka
ke
ki
ko
ku
Vocales (alfabético)
a
e
i
o
u
Continuas (alfabético)
l
m
n
r
ŕ
Sibilantes (alfabético)
s
ś
Signo silábico (oclusiva + vocal, no separable) Signo alfabético (vocal o consonante continua suelta)
El gran problema de fondo: se puede transliterar casi cualquier texto ibérico letra por letra desde 1922 — sabemos cómo suena. Lo que no sabemos, salvo un puñado de palabras (numerales, algún término de parentesco, fórmulas de propiedad) es qué significa. El ibero no es indoeuropeo, no tiene parientes vivos conocidos, y no ha aparecido un texto bilingüe suficientemente largo — el equivalente a una piedra Rosetta — que permita traducirlo con garantías.

El hallazgo más reciente: la Mano de Irulegi

Hallada en 2021, anunciada en 2022, publicada en 2023 — yacimiento de Irulegi, Valle de Aranguren, Navarra

Una mano de bronce de tamaño natural, colgada probablemente en la puerta de una vivienda vascona del siglo I a.C. como amuleto de buena suerte, apareció con una inscripción de cinco palabras en escritura ibérica nororiental. Una de ellas, transliterada como sorioneku (o sorioneke, la lectura exacta se sigue debatiendo), recuerda de forma llamativa al término vasco actual zorioneko ("de buena suerte", "afortunado").

Es el texto más largo y más antiguo jamás encontrado en un territorio vascón, y el primero que sugiere de forma directa una posible conexión entre la lengua vascónica antigua y el vocabulario que usaba el signario ibérico para escribirla — algo que hasta ahora era solo hipótesis. No implica que el euskera actual "sea" ibero, ni que los vascones escribieran habitualmente: sigue siendo un hallazgo aislado y su interpretación exacta continúa en discusión académica.

La romanización: el gran punto de inflexión

Con la conquista romana (desde el 218 a.C.) el alfabeto latino desplaza progresivamente a los signarios prerromanos, que se extinguen hacia el cambio de era. Se abre un periodo de más de mil años de epigrafía y, después, paleografía latina en Hispania: inscripciones honoríficas y funerarias romanas, y ya en época tardoantigua y visigoda, los primeros códices y documentos manuscritos en pergamino que dan paso a la paleografía propiamente dicha.

La escritura visigótica (ss. VIII–XII)

Tras la caída del Imperio y bajo el reino visigodo, se desarrolla en Hispania una minúscula propia y muy característica —la escritura visigótica—, con rasgos distintivos como la "q" con rasgo especial, ligaduras propias y una fuerte tendencia a la abreviatura. Se usa en cartularios, códices litúrgicos y documentos de cancillería por todo el territorio, incluida la actual Cataluña, durante buena parte de la Alta Edad Media.

Su final está bien documentado: el Concilio de León (1090), dentro de la reforma gregoriana impulsada desde Cluny y respaldada por Roma, ordena sustituir el rito y los libros litúrgicos hispánicos (mozárabes) por el rito romano y, con él, la letra carolina franca — ya extendida por media Europa desde el siglo IX. La transición no fue instantánea: conviven ambas escrituras durante décadas en distintos scriptoria, con letras "de transición" documentadas en la zona de León y Castilla.

El caso catalán: una transición adelantada

La particularidad catalana: mientras el resto de los reinos cristianos peninsulares mantuvo la escritura visigótica hasta el Concilio de León de 1090, los territorios de la Marca Hispánica —el conjunto de condados fronterizos organizados por el Imperio carolingio al sur de los Pirineos desde finales del siglo VIII— adoptaron la letra carolina mucho antes, ya desde el siglo IX-X, por su integración política y eclesiástica directa en el mundo franco. Scriptoria como los de Ripoll o Sant Cugat del Vallès producen códices en carolina cuando Castilla y León todavía escriben en visigótica plena.

Esta anticipación de casi dos siglos no es un detalle menor: refleja que Cataluña estuvo, desde su formación como entidad política, orientada hacia Europa carolingia y no hacia la órbita astur-leonesa, con consecuencias que van mucho más allá de la caligrafía (derecho, liturgia, organización eclesiástica). Más adelante, ya en la Baja Edad Media, las cancillerías de la Corona de Aragón desarrollan sus propias variantes de escritura gótica cursiva y procesal para la documentación notarial y real, hoy conservadas en gran volumen en el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), uno de los fondos documentales medievales más importantes de Europa.

Estado actual de la investigación

Hesperia (UCM)

Banco de datos abierto que reúne todas las inscripciones paleohispánicas conocidas (ibérico, celtibérico, tartesio, greco-ibérico), con transliteración, bibliografía e imágenes, mantenido por la Universidad Complutense de Madrid. Es la herramienta de referencia actual para cualquier estudio de estas escrituras.

Corpus Inscriptionum Hispaniae Mediaevalium

Serie Hispánica dentro de la colección internacional Monumenta Palaeographica Medii Aevi, dirigida por especialistas españoles, que cataloga sistemáticamente la epigrafía medieval hispánica (incluida la catalana) con criterios homologados a nivel europeo.

Metodologías actuales de investigación

La paleografía y la epigrafía han dejado de depender solo del ojo del especialista y la lupa. Estas son las herramientas que más está cambiando el campo ahora mismo:

Imagen multiespectral y RTI (Reflectance Transformation Imaging)

Fotografiar una pieza bajo distintas longitudes de onda (infrarrojo, ultravioleta) o desde múltiples ángulos de luz permite recuperar trazos borrados, raspados o reutilizados (palimpsestos) invisibles a simple vista — clave tanto en inscripciones sobre piedra o bronce muy desgastadas como en manuscritos medievales dañados.

Fotogrametría y escaneado 3D

Permite generar modelos tridimensionales de alta resolución de piezas epigráficas (como el propio Bronce de Botorrita o la Mano de Irulegi), facilitando el estudio remoto, la comparación entre piezas dispersas en distintos museos y la detección de incisiones apenas perceptibles al tacto.

Inteligencia artificial aplicada a la datación y transcripción

Un ejemplo internacional reciente y muy comentado: en 2025, un equipo europeo (proyecto ENOCH) aplicó un modelo de IA entrenado en rasgos caligráficos —el sistema "Enoch"— para proponer nuevas dataciones de los Manuscritos del Mar Muerto, en algunos casos más antiguas de lo asumido. Aunque ese caso es hebreo, no hispánico, ilustra el tipo de metodología (reconocimiento de patrones de trazo, aprendizaje automático sobre corpus datados con certeza) que empieza a aplicarse también a fondos manuscritos e inscripciones medievales españolas y catalanas para afinar dataciones y ayudar en transcripciones masivas de archivos completos.

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