De la playa de Empúries a la caída de Tarraco: casi seis siglos de presencia romana en el nordeste de Iberia — conquista, ciudades, economía, romanización cultural y lingüística, cristianización, y el legado que sigue visible hoy en el territorio catalán.
Roma llega al nordeste de Iberia en el 218 a.C., en plena Segunda Guerra Púnica, y no se marcha del todo hasta el siglo V d.C. Es la etapa histórica más larga y más determinante para lo que hoy es Catalunya: funda ciudades que siguen habitadas (Barcelona, Tarragona, Girona, Lleida), traza la red viaria que en parte todavía se sigue, y deja una lengua latina de la que deriva directamente el catalán. Este informe recorre esa cronología con fuentes enlazadas y enlaza, cuando procede, con los informes ya depositados en almacén sobre migraciones indoeuropeas, herencia genética y paleografía hispánica.
Esquema orientativo de las cinco ciudades romanas principales del actual territorio catalán (no es un mapa geográfico a escala).
La presencia romana en la península ibérica arranca, literalmente, en la costa catalana.
En plena Segunda Guerra Púnica contra Cartago, Roma envía a Cneo Cornelio Escipión con sus legiones a Empúries para cortar los refuerzos cartagineses que pudieran llegar a Aníbal desde Iberia. Empúries era ya un puerto griego consolidado, aliado natural de Roma frente a Cartago.
El desembarco de 218 a.C. es, convencionalmente, la fecha de inicio de la presencia militar romana permanente en la península. No fue una invasión planificada de conquista territorial: empezó como una operación de guerra contra Cartago que, con el tiempo, se transformó en ocupación y anexión de todo el territorio.
Empúries queda fijada como cabeza de puente romana en el nordeste peninsular durante el resto de la guerra púnica (hasta 206 a.C.) y en las décadas siguientes de expansión hacia el interior.
El yacimiento arqueológico de Empúries es el único de la península donde conviven, uno junto a otro, los restos de una ciudad griega y una ciudad romana: la Palaiapolis y Neápolis griegas y el municipio romano fundado más tarde, con foro, termas y casas con mosaicos visitables.
La conquista no fue un trámite: hubo revueltas, represión y una progresiva articulación administrativa del territorio.
Terminada la Segunda Guerra Púnica (201 a.C.), Roma decide quedarse en Iberia en vez de retirarse, y organiza el territorio en dos provincias: Hispania Citerior (con capital, andando el tiempo, en Tarraco) e Hispania Ulterior. La tribu indiketa, en torno a Empúries, se subleva contra esa presencia permanente.
Marco Porcio Catón el Viejo dirige una campaña de represión y establece un campamento militar romano permanente en el punto más alto del asentamiento de Empúries, que con el tiempo se convertirá en el núcleo urbano romano de la ciudad.
Marca el paso de una presencia romana "de paso" (motivada por la guerra contra Cartago) a una ocupación militar y administrativa estable, con tropas acantonadas de forma permanente.
El trazado del campamento catoniano es reconocible en la topografía del yacimiento de Empúries, en la parte alta de la ciudad romana.
Ninguna ciudad del actual territorio catalán tuvo un peso político tan alto en época romana como Tarragona.
Tarraco nace también ligada a la campaña de los Escipiones en la guerra púnica y crece como base logística romana en la costa. Con la reorganización de Augusto tras las Guerras Cántabras, se convierte en capital de la enorme provincia Tarraconensis, que llegaba a abarcar buena parte del norte y centro peninsular.
Augusto pasó allí el invierno de 26-25 a.C. dirigiendo las Guerras Cántabras, lo que convirtió durante un tiempo a Tarraco en sede efectiva del poder imperial romano, con el emperador residiendo en la ciudad. La ciudad se dota de foro provincial, circo, anfiteatro, teatro y una gran muralla.
Como capital provincial, Tarraco fue durante siglos la ciudad más importante del nordeste peninsular, sede de la administración, del culto imperial y de la vida política de una provincia que se extendía mucho más allá de la actual Catalunya.
El Conjunto Arqueológico de Tarraco es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 2000: muralla, anfiteatro, circo, foro provincial, el acueducto de les Ferreres, y villas periurbanas como Centcelles o els Munts, con algunos de los mosaicos cristianos más antiguos conservados del mundo romano.
Tres siglos después del desembarco en Empúries, el nordeste peninsular vuelve a ser escenario de un conflicto que decide el destino de Roma entera.
Al estallar la guerra civil entre César y Pompeyo en el 49 a.C., Hispania era una pieza clave: Pompeyo tenía allí legiones veteranas y gran apoyo entre las élites provinciales. César decide asegurar primero el frente hispano antes de perseguir a Pompeyo hacia oriente.
Tras semanas de maniobras alrededor de Ilerda y de un revés inicial cesariano, César corta las líneas de suministro pompeyanas construyendo un puente improvisado y usando su superioridad de caballería. El ejército de Afranio y Petreyo capitula el 2 de agosto sin gran batalla frontal.
Es la primera gran victoria de César en la guerra civil y le asegura el control de toda Hispania, eliminando una amenaza estratégica en su retaguardia occidental antes de enfrentarse a Pompeyo en los Balcanes.
César, según las crónicas, mostró clemencia tras la victoria: licenció a las tropas locales y restituyó bienes confiscados, un gesto que reforzó su imagen entre las élites hispanas. El episodio queda narrado por el propio César en su "Bellum Civile".
A diferencia de Tarraco, Barcino no fue capital provincial ni una gran metrópolis romana — pero es la que más ha crecido desde entonces.
Se funda como colonia romana de nueva planta, con el nombre completo "Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino": Iulia por la dinastía Julio-Claudia, Augusta por el emperador, Faventia como referencia a su exención de tributos, y Paterna como filiación imperial.
Se traza un recinto amurallado sobre el monte Táber con el esquema urbano romano clásico (cardo, decumano, foro). En el siglo IV la muralla se refuerza con un doble muro de 2 metros y unas 74 torres de hasta 18 metros, cerrando un perímetro de 1,5 km y 10,4 hectáreas.
Pese a su tamaño modesto para la época — entre 3.500 y 5.000 habitantes en su momento de mayor esplendor, siglos II-III — Barcino queda fijada como núcleo urbano permanente que nunca se despobló, a diferencia de otras ciudades romanas de la costa catalana.
Tramos de la muralla romana, tres columnas y el podio del templo de Augusto en la calle Paradís, una necrópolis con más de setenta tumbas en la plaza de la Vila de Madrid, y restos del foro visitables en el Museu d'Història de Barcelona (MUHBA), bajo la actual plaça del Rei.
Tarraco, Empúries, Ilerda y Barcino no estaban solas: una red más amplia de ciudades secundarias completaba el mapa romano del territorio.
Gerunda se asienta sobre una muralla iniciada ya en época ibérica, que los romanos amplían y refuerzan al integrar la ciudad en su red administrativa y viaria del nordeste peninsular.
Se documentan restos de la muralla romana en el portal de Sobreportes, la Torre Gironella y varios tramos junto a las actuales calles de Ballesteries y Alemanys, además de miliarios de la Vía Augusta hallados en Palau Sacosta, que fijaba su origen en el Portús (frontera pirenaica) hasta Tarraco.
Junto a Baetulo (Badalona) y Dertosa (Tortosa), Gerunda formaba parte de la red de ciudades medianas que sostenían el tránsito comercial y militar entre los Pirineos y Tarraco, la capital provincial.
Lápidas, miliarios, cerámica y mosaicos romanos se conservan en el Museu d'Història de Girona; varios tramos de muralla romana y medieval siguen siendo parte del paisaje urbano actual de la ciudad.
Ninguna infraestructura romana marcó tanto el territorio catalán a largo plazo como esta calzada.
Recoge y unifica caminos ibéricos previos, y toma su nombre definitivo de Augusto tras las obras de reparación realizadas entre el 8 y el 2 a.C. Es la calzada romana más extensa documentada en toda Hispania.
Su trazado catalán conectaba Dertosa (Tortosa), Tarraco (Tarragona), Baetulo (Badalona) y Gerunda (Girona); ciudades como Barcino quedaban conectadas por vías secundarias derivadas de la principal.
Se convirtió en el eje principal de comunicaciones de toda la Hispania romana, permitiendo el movimiento rápido de legiones, de la administración imperial y de mercancías entre las provincias y los puertos mediterráneos.
Tramos del trazado siguen siendo hoy sendero de senderismo y cicloturismo (la Generalitat ha promovido su recuperación como ruta turística); se conservan miliarios en varios puntos del recorrido y arcos como el de Berà, también Patrimonio de la Humanidad.
La costa catalana se convirtió, en época altoimperial, en una de las grandes regiones exportadoras de vino de todo el Mediterráneo occidental.
La región layetana, alrededor de Barcino, desarrolla un modelo de villae dedicadas a la producción intensiva de vino, orientadas desde el principio a la exportación, no solo al autoconsumo.
Se generaliza el uso de un tipo propio de ánfora vinaria layetana para el transporte marítimo del vino, documentado en pecios y en yacimientos de consumo repartidos por buena parte del Mediterráneo occidental y la Galia.
Convierte a la Layetania en una de las principales regiones vitivinícolas de exportación de la Hispania romana, con un tejido de villae rurales, prensas de vino (torcularia) y una economía monetizada ligada al comercio marítimo.
Restos de villae vinícolas y lagares se documentan en yacimientos como Aquae Calidae (Caldes de Montbui) o en el propio entorno de Barcino; las ánforas layetanas son hoy uno de los fósiles-guía de la arqueología comercial romana en el Mediterráneo occidental.
La huella más duradera de todas no es de piedra: es la lengua.
La romanización impuso el latín como lengua administrativa, jurídica y, progresivamente, cotidiana, superponiéndose a las lenguas ibéricas previas (de las que hoy solo se conservan inscripciones sin traducción segura — ver el informe sobre paleografía hispánica ya depositado en almacén).
El latín vulgar hablado en esta franja del nordeste peninsular fue evolucionando de forma diferenciada del resto de romances ibéricos, en parte por su posición fronteriza con la Galia romana y, más tarde, por su integración en la Marca Hispánica carolingia.
Ese romance local es el antecedente directo del catalán medieval, documentado ya como lengua escrita diferenciada desde el siglo XII (Homilies d'Organyà), aunque su formación como habla distinta es muy anterior y gradual.
El catalán actual, con su vocabulario, su fonética y buena parte de su sintaxis de raíz latina, es en sí mismo el legado romano más vivo y cotidiano de todos los que aparecen en este informe — además de topónimos de origen romano (Badalona < Baetulo, Girona < Gerunda) que se usan sin pensar en ello a diario.
Tarraco fue también uno de los focos cristianos más tempranos e importantes de toda Hispania.
Fructuoso, obispo de Tarraco, fue ejecutado junto a sus diáconos Augurio y Eulogio en el año 259 d.C. durante las persecuciones del emperador Valeriano, y se convirtió en uno de los mártires más venerados de la Hispania romana.
En torno a una basílica martirial dedicada a los tres mártires se desarrolla, entre los siglos III y V, un extenso cementerio con más de dos mil enterramientos, uno de los mayores del Imperio romano de Occidente conservados arqueológicamente.
Confirma a Tarraco como una sede episcopal temprana y de gran peso dentro de la cristianización de Hispania, con proyección que superaba con creces el ámbito local.
El Museu i Necròpolis Paleocristians de Tarragona conserva sarcófagos (algunos de procedencia norteafricana) y hallazgos singulares como una muñeca de marfil articulada del siglo IV, hallada en la tumba de una niña.
El territorio catalán no cambia de manos de golpe, sino en un proceso de décadas marcado, precisamente, por Barcino.
La crisis del Imperio romano de Occidente en el siglo V, con presión de pueblos germánicos en las fronteras del Rin, desestabiliza el control romano directo sobre Hispania, que pasa a depender cada vez más de acuerdos (foedus) con reyes godos aliados-vasallos.
El poder romano en la Tarraconensis se diluye de forma gradual, no con una conquista militar única: hay fases de alianza, autonomía local de las élites hispanorromanas, y finalmente integración plena en el reino visigodo, que mantiene buena parte del aparato administrativo y legal romano.
Marca el final formal de la Antigüedad romana en el territorio y el inicio de la Hispania visigoda, aunque con una fuerte continuidad de instituciones, ciudades, lengua latina y cristianismo heredados directamente de la etapa romana.
El derecho visigodo (Liber Iudiciorum) se construye en gran parte sobre derecho romano tardío; Barcino y Tarraco siguen siendo sedes episcopales y núcleos urbanos activos durante todo el periodo visigodo, sin discontinuidad poblacional relevante.
Más allá de los yacimientos visitables, la presencia romana sigue operando en capas menos evidentes del territorio y la cultura catalanas.
| Ámbito | Legado romano | Ejemplo actual |
|---|---|---|
| Patrimonio y turismo | Conjunto Arqueológico de Tarraco, Patrimonio Mundial UNESCO desde 2000 | Anfiteatro, circo, muralla y foro de Tarragona, visitables hoy en el centro de la ciudad |
| Urbanismo | Trazado fundacional de ciudades sobre colonias romanas | El centro histórico de Barcelona conserva el perímetro amurallado de Barcino; el Barri Gòtic se asienta literalmente sobre la colonia romana |
| Lengua | Latín vulgar hablado en la Tarraconensis como base del romance local | El catalán actual, y topónimos de raíz latina como Girona (Gerunda), Badalona (Baetulo) o Lleida (Ilerda) |
| Vías de comunicación | Trazado de la Vía Augusta | Tramos reconvertidos en rutas de senderismo y cicloturismo promovidas por la Generalitat |
| Religión | Sedes episcopales tempranas (Tarraco, Barcino) | Continuidad de la organización diocesana catalana desde época tardorromana |
| Derecho e instituciones | Derecho romano tardío como base del derecho visigodo y, después, medieval | Influencia indirecta en la tradición jurídica catalana posterior (usatges, derecho civil catalán) |