Barcelona

Feudalismo

Ruinas del Castell d'Eramprunyà, en Gavà
Castell d'Eramprunyà (Gavà) — por Aitor Escauriaza, CC BY 2.0 vía Wikimedia Commons

En el contexto del feudalismo medieval, Barcelona gozó de unos notables privilegios, concedidos primero por los reyes francos y, posteriormente, por los condes catalanes. Los barceloneses eran hombres libres, pudiéndose dedicar sin trabas a sus actividades artesanales y comerciales. Este hecho, junto al factor protector de su muralla y una envidiable situación geográfica, convirtieron a la ciudad en motor del Principado de Cataluña y en una de las ciudades más pujantes de la Corona de Aragón.

A lo largo del siglo XI el Condado de Barcelona efectuó una rápida expansión territorial con los territorios ganados a los musulmanes, lo que otorgó una gran prosperidad a la ciudad con los tributos de estos terrenos feudatarios. El círculo defensivo de la ciudad se amplió a las poblaciones colindantes, siendo ejemplo de ello la construcción del Castillo de Eramprunyá, en la localidad de Gavá. El conde de Barcelona adquirió la primacía sobre el resto de condes (principatus, de donde viene la denominación Principado de Cataluña). Los matrimonios de Ramón Berenguer III con Dulce de Provenza (1112) y de Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón (1137) sentaron las bases de un amplio territorio, la Corona de Aragón. Sus sucesores ampliaron el reino con las conquistas de Valencia y Baleares, así como diversos territorios por el mar Mediterráneo (Cerdeña, Nápoles, Atenas, etc) que forjarían un auténtico imperio, hegemónico en el mediterráneo occidental durante la Edad Media.

La prosperidad ganada con la expansión territorial propició los primeros asentamientos extramuros de la ciudad, una vez alejado el peligro de las incursiones musulmanas. Se crearon diversos núcleos de población (vila nova), generalmente en torno a iglesias y monasterios: así ocurrió alrededor de la iglesia de Santa María del Mar, donde se creó un barrio de carácter portuario; igualmente en la iglesia de Sant Cugat, en la zona del Besós, de carácter agrario; el barrio de Sant Pere en torno a Sant Pere de les Puel·les; el barrio del Pi surgió alrededor del iglesia de Santa María del Pino; y el Mercadal, en torno al mercado del Portal Mayor. La creación de estos nuevos barrios obligó a ampliar el perímetro amurallado, construyéndose en 1260 una nueva muralla desde Sant Pere de les Puel·les hasta las Drassanes (Atarazanas), cara al mar. El nuevo tramo era de 5.100 metros, englobando un área de 1,5 km2. El recinto contaba con ocho nuevas puertas, entre las que se encontraban varios enclaves de relevancia en la actualidad, como el Portal del Ángel, la Portaferrissa o la Boquería. El perímetro contaba con ochenta torres.

La ciudad fue durante la Edad Media un importante enclave comercial, tanto por su situación entre el reino carolingio y los dominios musulmanes (que fue disminuyendo conforme avanzaba la Reconquista), como en su proyección hacia el mar. En el área portuaria era corriente la ubicación de mercaderes de variada procedencia, sobre todo genoveses, pisanos, griegos y egipcios. Asimismo, mercaderes barceloneses establecieron delegaciones comerciales con Génova, Nápoles, Cerdeña, Argel, Túnez, Alejandría y Constantinopla.

Página independiente desde 16/09/26, fragmentada de "Época medieval" para facilitar la navegación. Enlaces a Wikipedia retirados del cuerpo del texto. Imagen añadida: 16/09/26.