Barcelona
Època Medieval
Unas obras de renovación de Via Laietana sacaron a la luz, en el número de la calle Fusteria junto al edificio de Correus (entre Carrer Ample y Carrer de la Mercè), los restos de cinco casas medievales completas de principios del siglo XIV, además de parte de las antiguas Voltes dels Encants, un espacio porticado que daba a la plaza de Sant Sebastià. Las viviendas, de entre 3,5×5,5 y 6,7×5,1 metros, se mantuvieron en pie —con reformas sucesivas— hasta su derribo en 1909 para abrir la propia Via Laietana. Entre los hallazgos destaca un panel cerámico del siglo XVIII con la imagen de Sant Antoni de Pàdua, colocado a la entrada de una de las casas, que se extraerá y conservará; el resto de los restos, una vez documentados, volverá a quedar cubierto bajo el nuevo pavimento.
Fuente: ElNacional.cat
Época visigoda (s. V-VIII)
Tras la crisis del Imperio romano de Occidente, los visigodos —una rama de los pueblos godos— se establecieron en la península a partir de comienzos del siglo V. Barcino tuvo un papel destacado en varios momentos: el rey Ataúlfo, casado con Gala Placidia, estableció aquí una corte modesta en 415, el mismo año en que fue asesinado en su palacio de la ciudad; más tarde, Gesaleico (511) y Teudis (hasta 548) volvieron a hacer de Barcelona sede real, antes de que Leovigildo fijara la capital definitiva en Toledo en 573.
La ciudad conservó escasa población goda propiamente dicha —limitada a la guarnición militar y las autoridades—, gobernada por un conde (comes civitatis) y un obispo. Fue un periodo de cierta prosperidad económica, con ceca propia de moneda desde Leovigildo. Los primeros visigodos eran arrianos frente a una población hispanorromana católica; la basílica de la ciudad se convirtió en catedral arriana hasta que Recaredo hizo del catolicismo la religión oficial del reino en 589, año en que se celebró un concilio católico en la ciudad (ya antes, en 540, se había celebrado otro bajo el obispo Nebridio).
La comunidad judía de la ciudad, que hablaba hebreo junto al latín vulgar del resto de la población, sufrió distintas leyes restrictivas según el rey: prohibición de matrimonios mixtos, bautismos forzados, confiscación de propiedades. Bajo Wamba (672-680) la población judía era ya lo bastante numerosa como para que se le solicitara un edicto de expulsión de los sefardíes.
El estado visigodo se derrumbó con el desembarco musulmán en Gibraltar en 711. (Sobre esta etapa no hay nada específico de la montaña de Montjuïc que reseñar aparte.)
Conquista y gobierno musulmán (711-801)
La conquista musulmana de Catalunya ocupó Barcelona entre 717 y 718 —de forma pactada y sin resistencia, a diferencia de Tarragona, que fue devastada—; el poder musulmán en la ciudad se prolongó unos 83 años. Durante la ocupación, la ciudad fue conocida como برشلونة (Barshilūnatu) y estuvo gobernada por una sucesión de valíes: Sulayman ben al-Arabí, que buscó sin éxito la alianza de Carlomagno frente al Emirato de Córdoba en 777; su hijo Matruh, que gobernó Barcelona y Girona; y finalmente Sadun al-Ruayni, que viajó personalmente a Aquisgrán en 797 para ofrecer la ciudad a Carlomagno a cambio de ayuda contra Córdoba.
Cuando Ludovico Pío llegó a las puertas de Barcelona en otoño de 801 esperando una entrega pacífica, Sadun incumplió el pacto; tras un largo asedio, el último valí, Harun, fue depuesto por sus propios allegados y entregado a los francos, probablemente el 3 de abril de 801.
La presencia musulmana no forzó conversiones y permitió la libertad de culto: el gobierno civil tradicional (conde, obispo cristiano, jefe de la comunidad judía) se mantuvo, aunque se cobraban impuestos especiales a los no musulmanes —probablemente menores que los de la época visigoda— y la catedral fue convertida en mezquita.
Estas dos etapas no tienen contenido propio de Montjuïc como montaña; las páginas de Montjuïc · Visigodos y Montjuïc · Musulmanes remiten aquí para el relato completo.
Carolingios
El período histórico de la ciudad bajo dependencia de la dinastía carolingia abarca desde la entrada a la ciudad de Ludovico Pío en 801 hasta la ofensiva dirigida por Almanzor en 985. El final de este período coincide con un declive importante del Imperio carolingio que, entre guerras internas, fue incapaz de controlar los territorios periféricos –o marcas–. La primera mitad de los prácticamente dos siglos que duró este periodo de dependencia del imperio franco, la ciudad restituyó las sedes de la mayoría cristiana y vivió con el constante temor de los ataques promovidos desde el Emirato de Córdoba. Ya a principios del siglo X el peligro descendió, y la ciudad se recluyó en sí misma. Este período más pacífico promovió una posterior apertura comercial y económica. A finales de siglo, la ciudad y el condado tendieron a un desligamiento hacia los francos mientras las relaciones con Córdoba y Roma fueron en aumento.
Tras la entrada solemne y pacífica en la ciudad el 28 de diciembre, Ludovico designó a un godo local, Bera, como conde (comes) de Barcelona. Recibió también el título de marqués al hacerse cargo del territorio fronterizo o marca (Marca Hispánica). El obispado pasó a depender de la sede metropolitana de Narbona. A pesar de estos cambios, la ciudad pudo mantener un régimen en el que se mantuvo el derecho propio visigodo. En 815, un ejército comandado por Ubayd Allah, tío de Al-Hakam I, se dispuso a conquistar la ciudad, pero antes de atacarla un ejército godo reclutado por Bera frustró el intento y obligó a los atacantes a retirarse. A la muerte de Odilón, conde de Gerona (que incluía los pagus de Besalú y Ampurias), Bera recibió el poder sobre esos territorios. Hacia 820 Bera y sus seguidores godos se sublevaron contra el poder carolingio, siendo finalmente depuesto y pasando sus territorios a manos del conde Rampón.
En 827 tropas musulmanas volvieron a asaltar la ciudad sin éxito. Sin embargo, varios años después, en 852, los musulmanes, probablemente bajo el mandato de Abd al-Karim ben Mugith tomaron la ciudad como represalia por la muerte a cargo de ciudadanos barceloneses de su aliado Guillermo de Septimania, enemigo de Alerán, conde durante la toma de la ciudad. Devastaron la ciudad durante la batalla, en la que Alerán debió morir en combate. De nuevo en 861, bajo el conde Hunifredo, tropas musulmanas atacaron Barcelona tras un tiempo de tregua. Conquistaron territorios próximos y asediaron la ciudad, aunque Hunifredo debió negociar y consiguió renovar la tregua –aunque bajo el consentimiento de Carlos el Calvo, rey de Francia–, que fue aceptada por Mohamed I, emir de Córdoba.
La unión del condado al Imperio carolingio ya estaba debilitada a finales de siglo. Tras ser depuesto el conde Bernardo II, el título lo recibió Wifredo I, llamado el Velloso (Guifré el Pilós), hijo de Sunifredo I, que también hubo poseído el título. Este cambio orientó el condado de nuevo a un linaje hispanogodo en lugar de franco. Al conde Wifredo a menudo se le pedía, fuera el obispo o la creciente comunidad ciudadana, un compromiso para su seguridad. Wifredo se mostró más interesado en los asuntos de poder que en la defensa ciudadana, y sus enemistades con los dirigentes de Lérida conllevó un ataque en 897 por parte del valí de esa ciudad Lop ibn Muhammad ibn Lop. Barcelona fue evacuada por la población civil debido al ataque, y el conde murió poco después contra el mismo valí en las inmediaciones de Navès. Tras Wifredo, el condado fue heredado por sus hijos Wifredo II Borrell y Suñer I, ya sin designación real franca. En 988, el hijo de Suñer, Borrell II hizo efectiva la independencia respecto a los reyes francos, y rehusó rendir vasallaje a Hugo Capeto, tras la nula ayuda que el anterior rey, Lotario, otorgó al condado para combatir el ataque de Almanzor.
Tras varias incursiones por otros reinos y condados cristianos del norte de la Península Ibérica, Almanzor arribó a las inmediaciones de Barcelona a finales de junio de 985.7 El primer día de julio, los musulmanes alcanzaron las murallas, que resistieron el feroz asedio hasta acceder a la ciudad el 6 de julio, tras 8 días de ataques intensos y acompañado por el bloqueo del puerto llevado a cabo por una importante flota dirigida por el almirante Abd al-Rahman ibn Rumahis.8 El objetivo de las campañas de Almanzor era doble: por un lado, sustraer dinero y posesiones valiosas y, por otro, someter a la población local, incluso convirtiendo algunos como esclavos, que fueron llevados a Córdoba, por los que tal vez poder exigir tributos a los cristianos. La ciudad fue saqueada y prendida en fuego, junto con los monasterios, iglesias y la catedral (aunque se pudieron conservar algunos documentos). Muchos de los habitantes de la ciudad o del condado que se protegieron entre las murallas fueron hechos prisioneros, esclavos o asesinados. La ocupación duró unos seis meses. Entre los prisioneros hubo ciudadanos ricos e importantes, como el vizconde Udalardo, el arcediano Arnulfo, el juez Orús y el mercader Marcús. Su rescate fue largo y difícil.
El condado era dirigido y gobernado directamente por el conde, que se ayudaba por un vizconde, mientras que las cuestiones de gobierno local de la ciudad las administraba un vicario o veguer, que también regía sobre el ámbito militar y la dirección de la policía. El obispo, que a menudo asumía la representación de la ciudad, se encargaba de los desvalidos y velaba por el cumplimiento de las capitulares condales. Hacia el 874 se halló en Santa María del Mar un cuerpo atribuido a santa Eulalia, y se trasladó el cuerpo a la catedral. La catedral paleocristiana del siglo IV fue restaurada tras la llegada de los francos, y en las obras intervino el obispo Frodoí (hacia el 877).9 Durante los aproximadamente dos siglos que duró la influencia carolingia en Barcelona, la ciudad contaba además de la catedral con las iglesias urbanas de Sant Just, Sant Miquel y Sant Jaume, además de las localizadas extramuros de Santa María del Pino, Santa María del Mar, Sant Julià de Montjuïc, el monasterio benedictino de San Pablo del Campo y de monjas benedictinas de San Pedro de las Puellas).
Los judíos formaban una comunidad importante que se asentaba en el Call, y disponían de un cementerio en Montjuïc. Ellos constituían un núcleo activo que se dedicaba a la medicina, el comercio, la pequeña industria, y potenciaron las relaciones con al-Ándalus. El ámbito marítimo estaba a manos de los cristianos, y se desarrolló comerciando entre varios puertos mediterráneos musulmanes.
Comunidad judía
Hay indicios de comunidad judía en la ciudad ya en el siglo IV, favorecida por la libertad de culto concedida por Caracalla en 212; algunos hallazgos en la Sinagoga Mayor de Barcelona apuntarían a la sinagoga más antigua documentada de la península. Los judíos escribían en hebreo —se conservan textos de Issac Ben Rovèn (1043), Jafudà Ben Barzilay (1070) y Abraham Bar Hilla (1085)— y hacia 1079 la comunidad rondaba unas setenta familias.
Dependían directamente de la corona, con calendario y celebraciones propios, y cada población necesitaba autorización real para fijar el número de familias judías admitidas. En 1215 el IV Concilio de Letrán impuso restricciones —prohibición de cargos públicos, identificación obligatoria en la ropa—, aunque Jaime I dispensó de esta última a los judíos de Barcelona. En 1263 tuvieron lugar disputas religiosas públicas ante el propio Jaime I, con quema de libros hebreos. Hacia el siglo XIV la población judía alcanzaba unas 4.000 personas, reforzada por los expulsados de Francia en 1306, lo que obligó a abrir un segundo Call (menor).
El 5 de agosto de 1391, en el contexto de la ola de ataques a juderías que recorrió la Península ese verano, el Call de Barcelona fue asaltado: murieron unos 300 judíos, otros se bautizaron forzosamente y otros huyeron. En 1401 un privilegio real estableció que Barcelona no volvería a tener barrio judío.
Sobre el cementerio judío de Montjuïc en concreto (su ubicación, destrucción en 1391 y hallazgos arqueológicos): ver Montjuïc · Presencia judía →.
El desarrollo de la agricultura en el llano de Barcelona se fraguó en la construcción, a mediados del siglo X –y seguramente por el conde Miró–, de dos canales de agua que dirigían las aguas del río Llobregat y del Besós a las inmediaciones de la ciudad: la del Besós era conocida como Rec Comtal o Regomir, y era paralela a la strata francisca, una vía que suponía una variante de la antigua Via Augusta romana, y que fue construida por los francos para aproximar mejor la ciudad al centro del imperio carolingio.
Con el paso del tiempo, el condado fue adquiriendo una independencia práctica respecto del reino carolingio, que se oficializaría en el año 988, con el conde Borrell II.10 El establecimiento del estado feudal en Cataluña a lo largo del siglo XI no impidió que el Condado de Barcelona adquiriese preeminencia sobre el resto de condados de la Marca. Así, Barcelona se convertiría en uno de los centros políticos, económicos, sociales, culturales y comerciales de un territorio que comprendía no sólo la actual Cataluña, sino el conjunto de estados que conformaron la antigua Corona de Aragón (Cataluña, Aragón, Valencia, Baleares, Rosellón, Cerdeña, Nápoles, Atenas y Neopatria). Barcelona llegaría a ser una de las principales potencias mediterráneas en los siglos XIII, XIV y XV, en competencia con Génova y Venecia. Durante el transcurso de estos siglos de esplendor la Bandera de Barcelona nació como un símbolo de la ciudad
En el contexto del feudalismo medieval, Barcelona gozó de unos notables privilegios, concedidos primero por los reyes francos y, posteriormente, por los condes catalanes. Los barceloneses eran hombres libres, pudiéndose dedicar sin trabas a sus actividades artesanales y comerciales. Este hecho, junto al factor protector de su muralla y una envidiable situación geográfica, convirtieron a la ciudad en motor del Principado de Cataluña y en una de las ciudades más pujantes de la Corona de Aragón.
A lo largo del siglo XI el Condado de Barcelona efectuó una rápida expansión territorial con los territorios ganados a los musulmanes, lo que otorgó una gran prosperidad a la ciudad con los tributos de estos terrenos feudatarios. El círculo defensivo de la ciudad se amplió a las poblaciones colindantes, siendo ejemplo de ello la construcción del Castillo de Eramprunyá, en la localidad de Gavá. El conde de Barcelona adquirió la primacía sobre el resto de condes (principatus, de donde viene la denominación Principado de Cataluña). Los matrimonios de Ramón Berenguer III con Dulce de Provenza (1112) y de Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón (1137) sentaron las bases de un amplio territorio, la Corona de Aragón. Sus sucesores ampliaron el reino con las conquistas de Valencia y Baleares, así como diversos territorios por el mar Mediterráneo (Cerdeña, Nápoles, Atenas, etc) que forjarían un auténtico imperio, hegemónico en el mediterráneo occidental durante la Edad Media.11
La prosperidad ganada con la expansión territorial propició los primeros asentamientos extramuros de la ciudad, una vez alejado el peligro de las incursiones musulmanas. Se crearon diversos núcleos de población (vila nova), generalmente en torno a iglesias y monasterios: así ocurrió alrededor de la iglesia de Santa María del Mar, donde se creó un barrio de carácter portuario; igualmente en la iglesia de Sant Cugat, en la zona del Besós, de carácter agrario; el barrio de Sant Pere en torno a Sant Pere de les Puel·les; el barrio del Pi surgió alrededor del iglesia de Santa María del Pino; y el Mercadal, en torno al mercado del Portal Mayor. La creación de estos nuevos barrios obligó a ampliar el perímetro amurallado, construyéndose en 1260 una nueva muralla desde Sant Pere de les Puel·les hasta las Drassanes (Atarazanas), cara al mar. El nuevo tramo era de 5.100 metros, englobando un área de 1,5 km2. El recinto contaba con ocho nuevas puertas, entre las que se encontraban varios enclaves de relevancia en la actualidad, como el Portal del Ángel, la Portaferrissa o la Boquería. El perímetro contaba con ochenta torres.
La ciudad fue durante la Edad Media un importante enclave comercial, tanto por su situación entre el reino carolingio y los dominios musulmanes (que fue disminuyendo conforme avanzaba la Reconquista), como en su proyección hacia el mar. En el área portuaria era corriente la ubicación de mercaderes de variada procedencia, sobre todo genoveses, pisanos, griegos y egipcios. Asimismo, mercaderes barceloneses establecieron delegaciones comerciales con Génova, Nápoles, Cerdeña, Argel, Túnez, Alejandría y Constantinopla.
El crecimiento económico y social de la ciudad propició desde el siglo XII el establecimiento de diversos órganos de autogobierno y de fuentes propias de legislación urbana. Así, en 1228, se promulgaron los Usatges de Barcelona, código legislativo que sería la base jurídica para el gobierno de la ciudad, regido hasta entonces por los viejos códigos romano y visigodo. Los Usatges pasaron posteriormente de la ciudad al resto del territorio, sentando las bases del derecho catalán. Se conserva un manuscrito en latín, del siglo XII, apareciendo en versión catalana en el siglo XIII.
El gobierno de la ciudad estaba en manos del veguer, ayudado por el baile (alguacil), y asesorado por un consejo de notables, así como –en ocasiones–, una asamblea de vecinos, el consell de ple. Pero al ir creciendo la ciudad, aumentó la representación ciudadana, hasta que en 1258 Jaime I creó una nueva estructura de gobierno municipal, compuesta por cuatro veguers, que estaban asistidos por ocho consejeros y una asamblea de jurados (ciudadanos que representaban los diversos estamentos y gremios de la ciudad). Inicialmente, esta asamblea contaba con doscientos jurados, pero en 1265 fue reducida a cien, dando nombre al gobierno municipal desde entonces: Consell de Cent (Consejo de Ciento), que perduró hasta 1714.12
A nivel comercial, en 1258 se creó el Consolat del Mar (Consulado del Mar), agrupación de armadores y comerciantes que regulaba el comercio marítimo y la reglamentación portuaria. Esta asociación creó su propia legislación mercantil, recogida en el siglo XIV en el Llibre del Consolat de Mar, el primer código marítimo conocido a nivel mundial, que sentó las bases del comercio marítimo en todo el Mediterráneo.13
En 1364 estableció su sede en Barcelona la Generalidad –cuyos antecedentes están en 1289 en la Diputació del General de Catalunya–,14 15 organismo encargado de recaudar tributos y supervisar el cumplimiento de los acuerdos tomados en Cortes –lo que en la práctica equivalía al gobierno ejecutivo del reino–. Aunque su ámbito era todo el territorio catalán, su ubicación en Barcelona comportó un cierto control sobre los asuntos urbanos. Entre otras funciones de la Generalidad figuraban cometidos militares vinculados a la defensa, orden público y mediación en disputas judiciales (algo parecido a un Tribunal Supremo).
Por último, en 1401 se creó la Taula de Canvi de Barcelona (Mesa de Cambio), el primer banco público creado en Europa. La Taula tenía por objetivo favorecer el cambio de moneda para las transacciones comerciales, al tiempo que servía de depósito de todos los caudales públicos y judiciales. Estaba regida por dos administradores elegidos por dos años, que debían depositar una fianza de 6.000 florines de oro para garantizar su buena gestión. La Taula mantuvo sus funciones con éxito hasta ser disuelta por Felipe V en 1714.
Desde el siglo XIII Barcelona, en paralelo a la Corona de Aragón, gozó de un periodo de gran esplendor, motivado por la expansión territorial (conquista de Valencia, Baleares, Sicilia, Cerdeña, Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria), así como la expansión comercial por el Mediterráneo: Túnez y Argel, donde se comerciaba en oro y esclavos; Sicilia y Cerdeña, que aportaban trigo y sal; Constantinopla, donde se obtenía algodón y especias; Chipre, Damasco y Alejandría, otra fuente de especias.
En el ámbito artístico, es la época de esplendor del gótico: se construyó la catedral de Barcelona, las iglesias de Santa María del Mar, Santa María del Pino, Santos Justo y Pastor, el monasterio de Santa María de Pedralbes, etc. También se desarrolló notablemente la arquitectura civil, sobre todo en palacios y edificios públicos, como el Palau Reial Major, el Palacio de la Generalidad, el Hospital de la Santa Cruz, las Atarazanas Reales, la Lonja y la Casa de la Ciudad.17
Con la extinción de la Casa de Aragón-Barcelona y el advenimiento de los Trastámara, Barcelona entró en un periodo de decadencia, acentuada por los diversos brotes de peste y las hambrunas. Desde mediados del siglo XIV Barcelona vivió una crisis demográfica motivada por la escasez de alimentos y una prolongada sucesión de pestes que diezmaron la población. El comercio decayó debido a la piratería y la apertura de la ruta a Oriente por el Atlántico, hecho que, junto al endeudamiento de la monarquía y las revueltas campesinas, generalizaron un ambiente de crisis económica. El rey Alfonso el Magnánimo fijó la corte en Nápoles alejándose de los intereses peninsulares e iniciando una política imperialista situada muy por encima de sus posibilidades, que agravó la crisis.
Desde 1333, primer año de hambre debido a unas malas cosechas, se sucedieron los desastres: en 1348 la peste negra asoló la ciudad, reapareciendo cíclicamente hasta finales del siglo XV: 1363, 1371, 1396, 1410, 1429, 1439, 1448, 1466, 1476, 1483, 1494 y 1497. En siglo y medio, la población se redujo en unos 10.000 habitantes. Además, el terremoto del 2 de febrero de 1428 dejó un saldo de veintidós fallecidos. Durante este tiempo se sucedieron las revueltas populares, propiciando la creación de dos facciones enfrentadas: la Biga, grupo ligado a la oligarquía noble y eclesiástica; y la Busca, estamento de las clases populares, mercaderes y artesanos. En 1453 la Busca accedió al gobierno municipal, propulsando una serie de reformas como la democratización del gobierno municipal, la devaluación de la moneda y el proteccionismo comercial. Tras siete años de gobierno, la Biga, apoyada por la Generalitat, retomó el poder municipal, iniciando una política revanchista que conllevó la ejecución de diversos dirigentes de la Busca. Sin embargo, la reina, Juana Enríquez, que había estado vinculada a la Busca, tuvo que huir a Gerona, donde fue sitiada por las tropas de la Generalitat. Al ser socorrida por el rey Juan II –que al entrar militarmente en Cataluña transgredió un acta constitucional–, se inició una guerra civil entre el rey y la Generalitat (1462-1472), que acabó con la toma de Barcelona por el ejército real en 1472. La Paz de Pedralbes preservó los privilegios del gobierno municipal, pero diez años de guerra supusieron el hundimiento económico de la ciudad.18
Incursiones y ràtzies (s. IX-XII)
Además de los grandes asedios de 852, 861, 897 y el saqueo de Almansor en 985 —narrados arriba—, el condado sufrió una larga serie de incursiones y conflictos menores:
- Ràtzia de 845: Abd al-Rahman II devasta los entornos de Barcelona.
- Expedición normanda (859): vikingos alcanzan Empúries.
- Ràtzia de 912: Muhàmmad al-Tawil derrota a las tropas de Sunyer I en Tàrrega.
- Ràtzia de 936: una flota de cuarenta naves ataca los condados de Barcelona, Girona y Empúries.
- Ràtzia húngara (942): llega hasta las puertas de Barcelona antes de dirigirse a Lleida.
- Ràtzies d'Almansor (982-985), previas al gran asedio de 985 narrado más arriba.
- Ràtzia d'Abd al-Malik (1003): nueva campaña del califato de Córdoba contra el condado.
- Batalla de Torà (1006).
- Revuelta feudal (1020-1030) y revuelta de Mir Geribert (1041-1059).
- Guerra contra la Taifa de Saraqusa (1058-1062) y Croada de Barbastre (1063-1064).
- Batalla d'Almenar (1085) y las expediciones contra Turtusha (1092, 1093, 1095, 1097).
- Conquesta de Balaguer (1105) y ràtzia de 1107, últimas grandes incursiones antes de la consolidación territorial del siglo XII.
Ya en el siglo XIV, la Companyia Catalana d'Orient (1303-1318) —los almogávares— proyectó la beligerancia catalana fuera de la Península, hacia Bizancio y Grecia.
Fin de la edad medieval siglo XV (1492 +/-)
En Guardia - Audios de Catalunya Radio
| La Catalunya nova Segles XII - XIII |
Els exposits. Hospital de la Santa Creu - 1401 La cacera de bruixes a la Vall Fosca - Final medieval El cos i la sexualitat a l'Edat Mitjana Els consolats de mar Segle XIII Francesc de Verntallat i els Remences La guerra dels dos Peres segle XIV El rastre dels almogàvers segle XIV Nicolau Eimeric, inquisidor català Segle XIII
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Sobre Montjuïc concretamente en época medieval (cementerio judío, iglesia de Sant Julià): ver Montjuïc · Edad Medieval →.
Sobre la presencia religiosa en la propia montaña de Montjuïc (ermitas, capillas): ver Montjuïc · Presencia religiosa.
Actualizado: 09/08/26 — contenido de época medieval trasladado y ampliado desde Montjuïc; visigodos, musulmanes y comunidad judía fusionados en la narrativa.