Catalunya
Iberos y layetanos
Los iberos tienen registros escritos propios desde finales del siglo V a. C. Utilizaron sistemas de escritura paleohispánicos (semisilabarios) inspirados en modelos fenicios y griegos, los cuales se mantuvieron vigentes hasta el siglo I d. C.

Los iberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente, los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones: en el IX y el VII siglo a. C. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el río Ebro, donde se mezclaron con los iberos para conformar el grupo llamado celtíbero.

Los iberos o íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a las gentes del levante y sur de la península ibérica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. De estos pueblos escribieron Hecateo de Mileto, Heródoto, Estrabón o Rufo Festo Avieno, citándolos con estos nombres, al menos desde el siglo VI a. C.
- Siglo VII a.C. Las sociedades autóctonas de la actual Catalunya entran en contacto continuado con los colonizadores fenicios y griegos.
- 650-550 a.C. Génesis de la cultura ibérica.
- 550-450 a.C. Desarrollo de la cultura ibérica.
- 450-200 a.C. Plenitud de la cultura ibérica.
- Siglo III a.C. Los pueblos íberos se ven involucrados en las Guerras Púnicas.
- 195 a.C. Batalla de Empúries. Los ejércitos romanos del cónsul Catón infligen una derrota decisiva a los íberos y consolidan la presencia romana en Hispania.
- Siglo II-I a.C. Proceso de romanización. Los pueblos íberos son dominados militarmente, sometidos a los intereses económicos de Roma e integrados en la cultura romana.

Iberos Layetanos

Los layetanos (en latín laeatani y en griego λαιαιτανοί) era un pueblo íbero que habitaba en la costa de la provincia de Barcelona, entre los ríos Llobregat y Tordera. Por el interior se extendían por la llanura del Vallés, quizá hasta la actual Manresa, aunque más probablemente esta ciudad fuera de los lacetanos.
Las principales ciudades de su territorio fueron Ailuron o Lauro —la actual Mataró—, como ciudad extramuros que formaría un conjunto con la ciudadela y cerca de Ilturo —Burriac—, Baitulon —Baetulo, la actual Badalona a orillas del río Vaetulo, hoy Besós—, Barcinon (Barkeno), Egara —Tarrasa— y Blanda —Blanes, cerca del río Larnum, hoy Tordera—.
Barcinon fue fundada hacia el siglo VI a. C. —aunque después quizás fue refundada como Barkeno por los cartagineses—. Anteriormente existió una ciudad cercana a Montjuïc, que probablemente se llamaba Laie de la que tomaron el nombre.
Como otros pueblos iberos, construían sus poblados sobre cerros y rodeados de murallas; las casas eran rectangulares y de piedra. Vivían de la caza, la pesca y la agricultura y tejían lana y lino. Su cerámica era poco desarrollada y trabajaban el bronce y el hierro. Almacenaban el grano en silos. Sus vinos eran apreciados. Uno de sus alimentos básicos fue un derivado lácteo similar al yogur.

Arqueología
Los silos de cereal mas grandes del noreste peninsular. Eso le permite a la arqueóloga del Museo de Historia de la Ciudad Carme Miró no dudar de la existencia de un gran poblado en la montaña. El problema es que no se ha podido excavar.

Las intervenciones arqueológicas en el área del Pont de l'Esparver en la montaña de Montjuïc han puesto al descubierto un gran núcleo comercial de época ibérica, con silos de grandes dimensiones. Este puerto estaba vinculado a un poblado, aún por excavar, que tendría las funciones de capitalidad y control de esta zona de la Layetania en época ibérica. El material que se ha recuperado de los silos es muy interesante por su cantidad, calidad y variedad. Este sector vive su momento álgido en el siglo IV a.C. y parte del siglo III a.C. Pero posteriormente continúa habitado, con un cambio de ocupación relacionado con las nuevas políticas territoriales que coincide con la llegada de los romanos. Sigue siendo un puerto, con su organización, en el que destaca la explotación de los greses de la montaña en una cantera próxima.

Carro ibérico
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1946, en el interior de uno de los silos excavados en la zona del Pont de l'Esparver, en Montjuïc, se localizó un carro datado del siglo IV a.C. Las dos ruedas y parte del conjunto de las piezas metálicas de la rueda pudieron ser recuperados, y se observaron las huellas de la madera. Era un carro de ruedas macizas, dedicado al transporte. No olvidemos que fue hallado en un núcleo comercial importante. Ignoramos si el hecho de que el carro se encontrara dentro del silo es casual –que fuese enterrado como escombros– o si, como creía Serra i Ràfols, se trata de un depósito ritual.
Quarhis — El carro ibérico de los silos del puerto de Montjuïc (PDF)
- Restos de silos y posible villa romana en la construcción del estadio olímpico (inicios siglo XX).
- Obras del ferrocarril de Magòria al Port — silos.
- Construcción del cementerio actual: restos romanos y horno del siglo XVIII.
- 1929 (Feria): restos de un enterramiento judío.
Otros hallazgos junto al castillo y el cementerio
- Los primeros restos que podemos adscribir a la cultura ibérica aparecidos en la montaña se datan en los siglos VII y VI a.C., y se localizan en la vertiente suroeste del cerro, entre el castillo y el cementerio, en la confluencia de los caminos del Molí Antic y de la Font de la Mamella. Se trata de una posible cabaña de la que se localizó un silo, los restos de un hogar doméstico y una serie de agujeros de poste.
- En los alrededores de lo poco que queda del Castell de Port también aparecieron restos pertenecientes a la cultura ibérica. El abanico cronológico del material arqueológico va desde el siglo VI hasta el III-II a.C. Otros sondeos realizados sobre la misma cresta de la montaña, en la vertiente suroeste, pusieron de relieve la presencia de cerámicas de pasta grosera decoradas con cordones planos con improntas digitales, y lascas de sílex y jaspe.
- En la parte alta del cementerio suroeste, en 1931, al inicio del acantilado del foso de la cantera, Josep de Calassanç Serra i Ràfols excavó dos silos de época ibérica. La única documentación conservada de esta intervención es un plano depositado en el Archivo Serra i Ràfols del Institut d'Estudis Catalans. Son dos silos de planta globular, de 2,5 m de diámetro y altura máxima. Excavados en la piedra arenisca del cerro, uno presenta una estratigrafía en la que se señala que había piedras antiguas con huesos; pero el elemento importante de esta documentación es que dentro de uno de los silos se excavaron cuatro esqueletos humanos.
- Queda por hablar del área que más resultados ha dado en cuanto a hallazgos arqueológicos de época ibérica en Montjuïc: el sector donde se encontraba el llamado Pont de l'Esparver, por donde pasaba la Vía de Magòria y por donde hoy pasa la avenida dels Ferrocarrils Catalans. Silos y un tramo de muro. Fuente
Silos
Según el estudio, "en uno de ellos podía guardarse grano para alimentar a 245 personas durante un año y para llenarlos todos se necesitarían 204 hectáreas cultivadas. Ningún otro asentamiento ibérico presenta una acumulación de excedente cerealístico equiparable al del núcleo de Montjuïc", asegura Carme Miró. Cuando se excavaron los silos ya no existía grano en su interior. Pero había algo mejor. Al dejar de usarse se rellenaron de tierra y escombros. Eso permite saber cuándo fueron inutilizados (a partir del siglo IV antes de Cristo) y conocer parte de los objetos que formaron parte de la vida cotidiana de sus dueños. Así, destaca una gran cantidad de cerámicas realizadas en Grecia, Italia, Ibiza, Marsella y Cartago, el 17% del total, cifra muy superior a la de cualquier otro asentamiento próximo y sólo comparable con yacimientos como Ullastret, bajo la influencia de la ciudad griega de Empúries. Aparte de espadas y fíbulas, una de ellas decorada con cuentas de coral rojo de las que no se conocen paralelos, en 1946 apareció un carro de hierro y madera del siglo IV antes de Cristo que es el único entero que se conserva de época ibérica.

Las cerámicas encontradas, según los arqueólogos, dejan ver el poder adquisitivo de los íberos que vivían aquí, "un grupo dominante". Para los investigadores no hay duda de que la intensidad y riqueza del material aparecido, la inmejorable ubicación geográfica del poblado como puerto que controlaría el comercio, "remiten a la existencia en Montjuïc de un centro urbano de poder". Esta actividad no se detiene en el siglo IV, según se lee en el artículo, sino que en el siglo III coincide con la acuñación de monedas dracmas de plata con la inscripción Barkeno.
Pero hay más. Según los autores, la cantera explotada desde época republicana, las estructuras, los pavimentos y los restos de una vía romana conocidos en la montaña remiten a la presencia de Roma en Montjuïc anterior a la fundación de la ciudad en el siglo I antes de Cristo. Para Carme Miró, en la montaña hubo un núcleo portuario romano con población especializada que comerciaba con los íberos de Montjuïc. "Los romanos no llegan invadiendo. Primero hubo contactos y acuerdos comerciales con los habitantes del territorio y luego fundaron sus ciudades", defiende.
Según la arqueóloga, el emplazamiento fue utilizado en la romanización del territorio a lo largo del siglo II y I antes de Cristo, como ocurre en otros poblados ibéricos layetanos. Desde aquí, a finales del siglo I, la antigua Barkeno ibérica de Montjuïc dio paso a la moderna Barcino romana, y durante un tiempo habrían convivido los dos núcleos.
"Nuestro trabajo ha sido riguroso, pero sabemos que recibirá críticas", reconoce Carme Miró. "Lo interesante sería crear un debate que permita avanzar en el conocimiento de este momento fundamental de la historia de la ciudad", concluye.
Audios
Actualizado: 5/01/14